Ana Lucía Ramazzini
Coordinadora Académica de Investigación
Se acerca el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, una conmemoración con una dimensión histórica y política importante, que se inscribe en una generalogía de luchas por la demanda y defensa de derechos básicos: laborales, cívicos, políticos, sexuales y reproductivos, así como el derecho irrenunciable a vivir vidas libres de violencia para todas. Es un hito que va más allá de una fecha en el calendario. Nos recuerda sueños compartidos, procesos colectivos de organización y búsqueda de transformaciones.
Frente a la profunda reconfiguración del poder global que estamos viviendo, los efectos del contexto actual no se distribuyen de manera homogénea, sino llegan a impactar diferenciadamente en las distintas poblaciones. Precisamente, en las crisis sociopolíticas y económicas se suele recurrir al control de los cuerpos y las vidas de las mujeres como mecanismo de disciplinamiento social; se exacerban los estereotipos de género, se restringe su autonomía y se limitan los derechos en general.
El 8 de marzo nos convoca a recuperar la memoria histórica, a reconocer a las mujeres que han abierto caminos.
Son las mujeres, particularmente aquellas en situación de empobrecimiento, racializadas, migrantes, entre otras, a quienes se les trasladan de manera desproporcionada los costos de proyectos autoritarios y, además, a quienes se les convierte en el blanco de políticas regresivas, persecución, criminalización y agresiones directas, buscando inhibir su participación plural y debilitando, por tanto, la democracia.
En este escenario, el 8 de marzo nos convoca a recuperar la memoria histórica, a reconocer a las mujeres que han abierto caminos para que hoy gocemos y ejerzamos nuestros derechos humanos. También es un llamado a seguir cuestionando y accionando, personal y colectivamente, frente a un orden mundial que se ensaña en sostenerse sobre desigualdades estructurales. Las mujeres hemos insistido, a lo largo de muchos hechos históricos, en la urgencia de construir otros mundos. Y estos momentos de crisis y guerra no son la excepción.











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