RenÉ Orellana Halkyer
Subdirector General y Representante Regional de FAO para América Latina y el Caribe
Es clave fortalecer el rol de las organizaciones de mujeres rurales en todas sus diversidades, mediante el reconocimiento legal de cooperativas de ahorro, crédito y cajas comunales, como intermediarias financieras, además de vincular la inclusión financiera con la protección social, posicionando al Estado como actor clave en la provisión de garantías públicas, seguros y mecanismos que faciliten el acceso de las mujeres rurales a servicios financieros.
La inversión en sistemas integrales de cuidado constituye un factor importante de este proceso. Reconocer el trabajo de cuidados no remunerado y ampliar la participación económica de las mujeres, fortalece los ingresos de los hogares y dinamiza las economías locales. La evidencia regional demuestra que estas inversiones generan retornos sociales y económicos, contribuyen a la creación de empleo y fortalecen la resiliencia de las comunidades rurales.
La designación de 2026 como Año Internacional de la Agricultora por la Asamblea General de las Naciones Unidas llega en un momento decisivo para América Latina y el Caribe.
Para acompañar estos esfuerzos, la Plataforma Regional para el Empoderamiento de las Mujeres Rurales impulsada por la FAO, se consolida como una herramienta relevante de apoyo a los países. La Plataforma articula evidencia, buenas prácticas, capacitación y espacios de cooperación, orientados a fortalecer el diseño e implementación de políticas públicas que permitan canalizar inversiones más efectivas e innovadoras en favor de las mujeres
rurales.
El Año Internacional de la Agricultora 2026 convoca a gobiernos, sector privado, banca para el desarrollo, cooperación internacional y sociedad civil a acelerar la acción, movilizando inversiones con enfoque de género transformador, promoviendo la innovación como motor de la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios.
Desde la FAO continuamos apoyando la transformación de estos sistemas mediante evidencia sólida, alianzas estratégicas y asistencia técnica a los países, con la firme convicción de que una región sin hambre, más sostenible e inclusiva, solo será posible si se fortalece el empoderamiento de quienes sostienen la alimentación, las economías rurales y la resiliencia de los territorios en América Latina y el Caribe.











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