Guillermo Monsanto
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El día 19 de mayo recién pasado, fui invitado para dar unas palabras en la inauguración de Azul Studio y la muestra póstuma de Elmar René Rojas. Primero tengo que hacer notar que me llamó tremendamente la atención el concepto interdisciplinario que ofrece Casa Mandarina.
El lugar es accesible, agradable y, además, posee una calidez particular. La amplitud del inmueble y la naturaleza emprendedora que lo rodea son una invitación para abstraerse del caótico tráfico de las horas pico y pasar allí un buen momento recreativo.
Su influencia en el arte local se hace notar desde finales de los años sesenta hasta el presente.
Azul Studio es una escuela formal de pintura (y habilidades plásticas) regentada por sus fundadores, Iveth Vallar y Gabriel Tom. Cuenta con programas específicos de enseñanza con la misión de formar a nuevos artistas, niños y adultos, no aficionados.
Por lo anotado, se entiende que sus programas académicos tienen una escalada lógica para alcanzar la meta buscada: ser un creador visual profesional. Vallar es Diseñadora gráfica (Landívar), diplomada en decoración (UNIS), además de haber estudiado en la Escuela Superior de Arte (Usac) y en la Escuela Municipal en el Palacio de Correos.
Tom es diseñador industrial y fue discípulo de Iveth con quien aprendió a pintar. La retrospectiva de Elmar René Rojas (1937-2018) me reunió, después de mucho tiempo, con sus apreciadas hijas y doña Olga, mamá de las empresarias y gestoras culturales. Momento muy grato debido a la cantidad de recuerdos y anécdotas que unen la memoria del artista expositor con situaciones relativas al universo creativo guatemalteco y la Galería El Attico.

Baste anotar que con Elmar Rojas siempre se aprendía algo porque su espíritu era generoso. Rojas, junto a unos cuantos nombres más, es uno de los artistas internacionales más visibles que tiene el país. Como colorista planteó una paleta que asumieron varios autores activos en las dos últimas décadas del siglo XX.
Especialmente los pintores emergentes se apropiaron de su figuración para explorar el “realismo mágico” elmariano desde sus propias experiencias. En su momento como estudiante, finales de los años cincuenta y ya como profesional en la década del sesenta, propuso a partir de las expresiones informalistas.
Su imaginario, como el de sus condiscípulos, era fuerte y contundente. Su obra política no dejaba indiferente a nadie. Junto con Marco Augusto Quiroa y Roberto Cabrera fundaron el grupo Vértebra, al que más adelante se unirían Luis Ortiz, Enrique Anleu Díaz y Ramón Ávila.
La obra de Elmar Rojas, que también incluye escultura, posee valores particulares tanto en su composición como en la variedad de temas abordados por él. Igual que Carlos Mérida y Rodolfo Abularach, principalmente, sus trabajos se encuentran en varios e importantes museos
alrededor del mundo.










