El primer ministro británico, Keir Starmer, reiteró este martes su intención de mantenerse al frente del Ejecutivo de Londres, haciendo caso omiso a las voces críticas que piden su dimisión y abriendo una guerra interna en el seno del Partido Laborista entre sus aliados y detractores.
El jefe del Gobierno británico enfrenta su mayor crisis política en cerca de dos años en el poder y son cada vez más evidentes las dudas sobre su continuidad en el cargo, tras los malos resultados obtenidos por el Partido Laborista en las elecciones locales y regionales del pasado jueves.
Starmer aseveró ayer que no tenía intención de dimitir y recordó que el Partido Laborista tiene un mecanismo interno, aún no activado, para elegir a la autoridad.











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