Este domingo se celebra el Día de la Madre, y en la Dirección General del Diario de Centro América y Tipografía Nacional se viven historias que muestran cómo las mujeres, además de ganar el sustento diario, se convierten en ejemplo de superación personal. Hoy presentamos a cuatro de ellas que han logrado continuar con sus estudios mientras le dedican tiempo a sus hijos.
Adela Boj labora como encuadernadora. Tiene 61 años y trabaja en la institución desde hace cinco. Cuando ingresó, solo contaba con sexto primaria.
En el momento que se abrió la oportunidad para seguir estudiando por medio de becas completas, no lo dudó, y esa decisión le permitió culminar los ciclos básico y diversificado.
Agradece a Dios, pues este beneficio le permitió cubrir el costo completo de inscripción, mensualidades, gastos y útiles. Pero no se quedó allí. Ahora cursa el Bachillerato en Ciencias y Letras con Orientación en Computación por Madurez, el cual espera finalizar en octubre próximo. Considera que parte de su disciplina viene de su labor en el Ejército, donde laboró durante 22 años y aprendió mucho.
Al ser la única mujer en una familia de nueve hermanos hombres, solo terminó la primaria en su infancia: “Les dieron prioridad a ellos. De ahí, a los 27, tuve a mi hijo y le di su estudio”, recuerda.
Aprender siempre ha sido el sueño de Adelita. Parte de su convicción la compartió con su hijo: “Lo saqué adelante hasta que lo dejé ya con su título. Dije, bueno, tal vez no lo tuve yo, pero se lo di a él”, relata con emoción.
Agrega que un gran apoyo ha sido su esposo, César, quien la ayuda con las labores del hogar cuando se encuentra en casa, para que ella tenga tiempo de hacer sus tareas.
“Por el bien de los hijos”
En el Departamento Financiero, Claudia Echeverría, de 46 años, cuenta que a los 17 años, cuando tuvo a su primer hijo, dejó la carrera de Secretariado Oficinista en el sexto año. Tuvo trabajos de limpieza con los que mantuvo a sus tres retoños y les dio educación. Ha sido difícil, pues no cuenta con familiares vivos ni el apoyo del papá de sus herederos.
Cuando el menor cumplió 16 años, decidió que debía superarse para darle mejores oportunidades. Con esa motivación, terminó el diversificado; pero al hacerlo, se dio cuenta de que podía lograr mucho más: “Me gusta estudiar y eso me abrió las puertas para obtener mejores empleos”. Ahora, su meta es estudiar la Licenciatura en Trabajo Social.

“Mis niños me motivan a seguir”
Wendy Sarceño es una de las encargadas del departamento de Artes Gráficas en la Tipografía Nacional. Hoy tiene 33 años. Cuenta que culminó el nivel medio; no obstante, el costo de los estudios superiores le impidió seguir formándose. A los 24 años, procreó a su primer vástago y, al año siguiente, con apoyo de su esposo, comenzó la carrera de Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales.
Su compañero de vida, Luis, ha sido un importante soporte, pues cuida de sus hijos para que ella se enfoque en sus estudios. “Mi esposo siempre ha sido como mi motivación. Él siempre me echa porras; me dice que siga y que él me ayuda. Ha sido difícil. Voy despacio, pero sé que voy a llegar a la meta”, afirma.
Reconoce que darle su lugar a cada ámbito de la vida es complicado, pero ahora ya cerró pénsum y espera pronto hacerse los exámenes privados para graduarse y ser profesionista.

“Nunca es tarde para aprender algo”
Maribel González forma parte del departamento de Mantenimiento. Hoy tiene 59 años y hace 37 tuvo a su primer descendiente. Dejó sus estudios de secretariado oficinista cuando tenía 18 años pues al tener a sus hijos, los antepuso para darles estudio.
“Cuando ellos se graduaron de sus respectivas carreras, me dije, es mi tiempo, me corresponde superarme”. Su anhelo siempre fue aprender y a sus 42 años se graduó de bachiller en Ciencias y Letras por Madurez, por sus propios medios.
“Todo aprendizaje es importante, por más simple que parezca”, afirma. “Nunca es tarde para aprender algo nuevo que nos beneficie a todos”, subraya.












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