Guillermo Monsanto
Definitivamente, el término artes visuales posee una extensión que va más allá de las fronteras de lo que, no hace mucho, entendíamos como artes plásticas. Las artes visuales les permiten a los creadores explorar lejos del lápiz y el papel, óleo, acrílico, escultura, grabado o fotografía, demostrando, los más preparados, un ingenio para provocar emociones según la formación del receptor. Se puede decir que es una expresión sin fronteras en donde todo es posible. Sin embargo, en el campo de lo conceptual y sus derivaciones está pasando algo. Aunque hay excepciones, ¿no será que para la gran mayoría ya se agotaron los referentes? Pareciera que muchos de estos artistas no tuvieran nada que decir y que la conversación con lo que asumen como su obra se agotó ya hace algunas décadas.
¿Está estancado? Las reinterpretaciones de materiales, su revalorización y el mensaje final solo cambian de nombre. Ripio, basura, relecturas de los mismos objetos con agenda política, intervenciones y otras invenciones son calificadas en el presente como divertidas o aburridas ¡Qué! ¿una obra de arte no era o buena o mala? A todo ello hay que sumar la sacralización de las dictaduras curatoriales que se erogan la descalificación general y la glorificación de su círculo. Al no haber críticos de arte que les plante frente, prácticamente pueden promover lo que ellos consideren y la respuesta debe ser amén. De otro modo, el equipo que los respalda entra en acción para demeritar a quien alce la voz.
Ahora bien, también las artes plásticas están presentando algunos problemas, como la escultura, ya que hay decenas de artífices convencidos de que son escultores porque manejan técnicas secundarias sin entender la fundición a la cera perdida, la talla directa sobre diferentes materiales o el modelado. Con ello quedan fuera proporciones y otros detalles inherentes a la expresión. También abundan los que, creyéndose curadores, crean alrededor de sí mismos cofradías de aspirantes a artistas que, ante la falta de catálogos razonados, confunden a los coleccionistas emergentes. Hay que seguirles la pista a los artistas la Escuela de Artes Plásticas, Universidad Popular y las Escuelas Municipales. La iniciativa privada también hace una buena gestión educativa. Pregunto ¿existe una verdad en el arte?











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