El subsector eléctrico no recibió la atención necesaria en las últimas décadas, reconoce el ministro de Energía y Minas, Víctor Hugo Ventura Ruiz.
En esta entrevista con el Diario de Centro de América, explica que la Ley General de Electricidad de 1996 confió la expansión al sector privado y que ese modelo dejó un rezago: casi el 9 % de la población carece todavía de servicio.
Detalla las acciones en curso para acelerar la conexión de comunidades, las obras prioritarias de transmisión y las alternativas para las zonas aisladas.
Víctor Hugo Ventura Ruiz
• Ministro de Energía y Minas
• Ingeniero electricista especializado en sistemas eléctricos de potencia y con maestría en Economía.
• Trabajó en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), fue consultor en México y formó parte del equipo docente de la Maestría en Regulación y Políticas Públicas en el sector energético.
• Lidera la modernización de redes y la estrategia de electrificación rural.
¿Cuán atrasados estamos en electrificación rural?
Creo que uno de los rezagos sociales que enfrentamos es la baja cobertura eléctrica. Guatemala figura entre los países con menor electrificación de la región; aproximadamente el 9 % de la población no cuenta con energía eléctrica. Los departamentos más rezagados son Alta Verapaz, Baja Verapaz, Izabal, Petén, las zonas norte de Quiché y Huehuetenango, así como Chiquimula. En total son siete departamentos con atraso marcado; solo siete presentan electrificación aceptable. Sacatepéquez, Escuintla y Guatemala se encuentran totalmente electrificadas.
Para 2024 el porcentaje de población que cuenta con acceso a la energía eléctrica fue de 90.89 %, que incrementa un 0.50 % respecto al valor calculado en el año anterior, lo cual representa aproximadamente 27 mil 013 hogares nuevos con una fuente de suministro de energía eléctrica confiable. A septiembre de 2025 se ha recopilado la información de hogares nuevos con acceso a la energía eléctrica, lo cual da como resultado 14 mil 566 hogares nuevos con acceso, que representan un valor porcentual de 91.33 % y aumenta 0.44 unidades porcentuales respecto al valor calculado para 2024.
Se tiene como meta proyectada brindar acceso a 59,795 nuevos hogares para el año 2025, estimando un valor porcentual de índice de 93.45 % a nivel nacional.
¿Por qué no alcanzamos un nivel superior?
La Ley de 1996 pensó que la mano privada guiaría la electrificación, pero tras casi 30 años persiste el rezago. Los mayores avances ocurrieron con intervención estatal, por ejemplo cuando se privatizaron las distribuidoras y se destinó financiamiento para electrificación. Ese fondo se agotó en 2015 y desde entonces las conexiones nuevas disminuyeron notablemente.
¿Qué acciones están ejecutando para recuperar el retraso?
En la administración del presidente Bernardo Arévalo retomamos el ritmo de electrificación. Con la ejecución del préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo y la posible obtención de un nuevo financiamiento, el próximo año esperamos acelerar proyectos y alcanzar entre 96 % y 97 % de cobertura al final del periodo. Quedará una porción de difícil acceso que demandará esfuerzos adicionales en los dos años siguientes.
“La parte restante por electrificar es la más compleja por condiciones geográficas y sociales”.
¿Cuánto hemos avanzado en este período?
Hemos subido un punto porcentual en el índice de electrificación. Si partíamos de 91.5 % ahora rondamos 92.5 % y podríamos llegar al 93 % a fin de año. Ese incremento representa la conexión de aproximadamente 15 mil usuarios, lo que beneficiaría a cerca de 80 mil habitantes.
¿Cómo marcha la ejecución del préstamo?
La licitación está abierta; en breve se recibirán ofertas y empezarán las obras. Luego se efectuarán las siguientes licitaciones previstas en el plan. La aceleración dependerá de la celeridad en adjudicaciones y en la ejecución física de cada tramo.
¿Por qué es tan difícil avanzar en este indicador?
La parte por electrificar es la más compleja: no solo la lejanía, sino condiciones geográficas y situaciones sociales. Consultamos a Conap sobre familias en áreas protegidas; sorprende encontrar asentamientos en zonas que deberían permanecer libres. Electrificarlas implica reconocer una posesión, con implicaciones legales y administrativas. En comunidades con tenencia débil de la tierra, dar servicio puede entenderse como un respaldo a la permanencia, lo que obliga a coordinar con otras instituciones.
¿En el pasado se enfrentó oposición por el derecho de paso?
Sí. El derecho de paso complica muchos proyectos; si no se obtiene, no se puede tender línea. Este es un obstáculo recurrente que requiere diálogo y acuerdos con autoridades locales y con las comunidades.
¿Cómo resolvieron problemas con el SNIP?
El Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) no contemplaba un capítulo específico para electrificación; ello generaba retrasos y requisitos dispares.
A veces pedían 100 estudios de mercado para 100 comunidades, cuando bastaba uno. Logramos incorporar un nuevo capítulo para obras de electrificación y así eliminar cuellos de botella, gracias al diálogo técnico con Segeplán.
¿Y las comunidades donde no se puede llevar cableado?
En esos casos se optará por redes aisladas o por soluciones con paneles solares. Son alternativas que permiten ofrecer servicio sin afectar áreas protegidas ni asumir riesgos legales por asentamientos no regularizados.
¿Cómo explicar a la población que todavía hay tantas personas sin servicio?
Hubo una acción estatal que se agotó —pienso en los fondos generados tras la privatización— y desde entonces las conexiones se ralentizaron en las últimas administraciones. Ese fenómeno se suma al rezago en obras de transmisión y limita la capacidad para conectar nuevos usuarios.
“Se creó un nuevo capítulo en el SNIP, que agiliza la aprobación de proyectos de electrificación”.

¿Qué situación se observa en transmisión y Petén?
Petén demanda transmisión en 230 kV; conectarlo en 69 kV es insuficiente. Ya gestionamos derechos de vía y compra de terrenos; la construcción exigirá entre 18 y 30 meses. Además existen cuellos de botella en las regiones Atlántico y Pacífico, fundamentales para la nueva generación termoeléctrica y para las renovables.
¿Y en zonas cercanas a la población con menor electrificación?
Se requerirán refuerzos en el norte de Huehuetenango, Quiché y las Verapaces. En el suroccidente, la ola de proyectos solares exige mayor capacidad en subestaciones. Estas obras forman parte del PET-3 y de futuras licitaciones.
La línea a Petén, ¿va más allá del departamento?
Sí. La conexión contempla Izabal, Flores y Melchor de Mencos, hacia la frontera con Belice, en 230 kV.
¿Dónde se construirían las líneas en 400 kV?
Se proyectan en el suroccidente, área con potencial industrial donde visualizamos un corredor logístico que requerirá energía de alta capacidad, por eso el 400 kV resultaría pertinente.
¿Cómo han trabajado con las comunidades para permitir el paso de líneas?
Reanudamos el diálogo y hoy la población comprende que la paralización afecta a muchas comunidades. Explicamos que una línea beneficia amplias zonas y buscamos acuerdos para retomar y concluir las obras.
¿Qué ocurrió con la generación?
La última gran licitación de generación data de varios años y su postergación redujo la oferta. La pandemia y la dinámica de mercado distorsionaron expectativas. Con todo, la estructura de la licitación actual y la confianza en la administración han permitido activar procesos que atraen proyectos renovables.
“Petén requiere transmisión a 230 kV; la obra demandará entre 18 y 30 meses”.
¿Tenemos cubierta la oferta frente a la demanda?
La reserva se ha estrechado. Entran obras de la PEG-4 y proyectos privados, sobre todo solares, y algunas plantas regresan a la operación. Sumando todo esto se atiende parte de la demanda, aunque persiste el riesgo por fenómenos extremos.
¿En cuánto está la reserva actualmente?
Varía mes a mes; no puedo ofrecer un número fijo. Se aspira a mantener al menos 10 % en época seca para cubrir la falla de una unidad mayor. Hoy no se garantiza ese margen en la estación seca.
¿Cuánto crece la demanda de energía este año?
La demanda crece entre 4 % y 5 % y se prevé mayor crecimiento el próximo año.
¿Comparado con el crecimiento económico?
En un país con crecimiento cercano al 4 % se espera paridad entre PIB y generación. Antes la energía crecía más que el PIB; hoy una mayor eficiencia explica parte del ajuste.
¿Cuánto tiempo llevará la construcción de estas redes?
Deseamos dejar el país 100 % electrificado, pero es una meta humana difícil. Estimamos que en los primeros 24 meses de la siguiente administración se podrán concluir las obras más complejas, con apoyo del INDE y del Congreso para aprobar financiamientos.











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