La seguridad operacional en el Aeropuerto Internacional La Aurora (AILA) no solo depende de radares, pilotos y controladores aéreos. En una pequeña oficina dentro del recinto funciona la Sección de Control de Fauna (SCF), integrada por cinco especialistas entre biólogos y médicos veterinarios, responsables de prevenir que animales en el área representen un riesgo para las aeronaves.
En el interior del despacho, decorado con imágenes de especies que han visitado el aeródromo, se organiza la vigilancia. Los expertos patrullan y aplican medidas inmediatas cuando un avistamiento lo requiere.

Karen Reyes, médica veterinaria de la sección, explicó que su labor incluye diversidad de seres. “Nuestro principal objetivo es la prevención de accidentes, y esto lo aplicamos mediante diferentes técnicas para reducir la cantidad de animales que puedan estar dentro del aeródromo”, señaló.
Según la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), la responsabilidad de la SCF abarca un radio de 13 kilómetros desde el punto central del AILA.

Vigilancia constante
La jornada diaria se inicia con una inspección de la plataforma. En ella se registran avistamientos y desplazamientos. Reyes detalló que, aunque la percepción general apunta a aves, el equipo observa con más frecuencia fauna terrestre.
Para identificar rutas de ingreso colocan cámaras trampa y elaboran bases de datos que se actualizan cada año con registros de capturas, dispersiones y estadísticas.

La especialista indicó que una parte fundamental de la estrategia es la gestión del hábitat. Esto implica eliminar elementos que puedan atraer animales al recinto, así como fuentes de agua, refugios o alimentos.
“Lo que hacemos es buscar focos de atracción y posteriormente establecer estrategias de rescate o reorientación”, remarcó. Entre las acciones más comunes figuran cortes de vegetación y modificaciones de infraestructura, en coordinación con la gerencia correspondiente.

Los integrantes de la SCF utilizan trampas de captura viva y rifles con dardos de sedación, siempre bajo protocolos de seguridad para proteger tanto al personal como a los animales. Cuando es necesaria la dispersión, emplean bocinas, láseres y vehículos con señalización para alejar a las especies.
Cada captura incluye una evaluación médica. Si el ejemplar es doméstico, como un perro o gato, el destino se coordina con asociaciones que apoyan en esterilización y búsqueda de hogar. Cuando se trata de vida silvestre, la coordinación se efectúa con el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).

Trabajo interinstitucional
Norma Joj, de la Unidad de Comunicación del Conap, explicó que las criaturas trasladadas se someten a exámenes de salud y, en caso de ser necesario, se envían al Centro de Rescate Antigua Exotic para rehabilitación. “Si hay necesidad de una atención veterinaria, se hace un traslado para garantizar la atención”, refirió.
El proceso define si el animal puede regresar a un hábitat natural, o en caso de dependencia al contacto humano, el destino se determina en zoológicos u otros lugares. “En esos casos, el Conap los designa a sitios que reúnan las condiciones necesarias”, comentó.

Cuando un ejemplar conserva sus capacidades de sobrevivencia, se libera en áreas protegidas donde existe presencia de su tipo. “Todas las entidades que nos apoyan en el resguardo son relevantes porque, en cualquier momento, pueden recatar y salvar la vida de algún animal”, concluyó Joj.











Deja un comentario