13/07/09

Un exhumador sacan sin afán los restos de una osamenta luego de evaluar que el tiempo que estuvo en el nicho ya fue superado. Si los familiares no pagan, los restos son enviados a una fosa común.
La fosa común es el destino final de los restos que no son reclamados. Esta mide 35 metros de profundidad y 25 de ancho para dar albergue a los restos humanos.

Exhumar: un oficio poco usual en medio de la paz de los cementerios

Noé Medina Amézquita

Lágrimas derramadas al ver el cuerpo de un ser querido que es alojado en el espacio de una galería de nombres sin vida, guardan el recuerdo de éxitos y fracasos en su existencia que van quedando en el olvido. Un martillo y un cincel despedazan con violencia la pared que divide la vida con la muerte para sacar los restos de quienes quedaron en la memoria.

Exhumaciones que denotan el olvido, dejadez, amor que sólo en vida fue promesas borradas por el tiempo, o en último caso, un telegrama de desalojo que nunca llegó.

Existen 38 mil nichos de adultos, 23 mil de niños y 7 mil osarios en el Cementerio General de los cuales muchos ocupan espacio  desde más de veinte años sin que la familia haya renovado contrato.   Por esa razón se realiza un censo para verificar la cantidad de sepulcros que serán desalojados por la falta de espacio, afirma Haroldo Meléndez  jefe de albañiles.

El camposanto recibe entre 15 y 20 cortejos fúnebres al día y los familiares cancelan Q200. Esto cubre la estancia de los restos durante seis años, renovables hasta los 14. Luego, son llevados a un osario donde pueden quedar siempre si es que los familiares cancelan cada cuatro años la cantidad que determinen las autoridades.

 

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