11/3/09
Patria mi cuerpo
Historia de una mujer desnuda, de Carolina Escobar Sarti
| Rodolfo Arévalo |
 |
 |
Salió a la luz bajo el sello editorial F&G, Ana María Cofiño fue su editora. Ella junto a Figueroa Sarti y Francisco Morales Santos presentaron este poemario en Sophos, recientemente. En el libro, como su título anuncia, el cuerpo es una espacialidad que se orienta en la sociedad y hacia la historia patria. Esta espacialidad viene a convertirse en un lugar habitado por otras entidades anteriores. El cuerpo es una pertenencia a un lugar: mi cuerpo patria. Patria pertenece a la palabra páter o del padre, es parte de la paternidad, un lugar donde se guarda a los parientes, lo que guarda, resguarda a los descendientes. Es como el cofre, el arcón donde se guarda a la descendencia con la propia historia y la pertenencia física al lugar, para cuidar de la prole. Patria y arca, entonces cuerpo, mi páter-arca, el título, ya nos revela una traición que proviene del propio lenguaje, pues éste esconde en su calidad de instrumento, un sentido ajeno al que se quiere comunicar. Los lenguajes han sido construidos bajo patrones dominantes dentro de la cultura y éstos, como se sabe, han sido falocéntricos. Es por eso cuando la autora da el primer paso no sabe sobre qué camina. Sin embargo, ella encuentra en el cuerpo una manera de ir comprendiendo el lugar como un movimiento, una dis-locación, un tiempo que se hace consciencia desnuda.
En los primeros versos comienza ese viaje de liberación que no se alcanzará sino hasta después de la penosa travesía. Más allá de encontrar los lugares comunes, luego las mamposterías y el maquillaje que borra la diferencia, poco a poco va apareciendo la lucha tremenda con el lenguaje, con las costumbres de su uso, hasta tener un decir más claro, más cerca del cuerpo que dejará de ser el arca del páter, para convertirse en palabras desde el otro y para el otro. Este desdoblamiento patria-cuerpo, historia-desnudez, descubre que el cuerpo es el manejo sobre él, la políticas que lo obligan, que lo transforman, que lo maniatan o lo propulsan, comenzando por la educación, siguiendo por la maternidad, deambulando el erotismo, confundiéndose con los credos. Y con todo eso va desencadenando estados del cuerpo, estados de esa “patria” y de esa parentela que se ha convertido en el cuerpo-historia que se habita, reconociendo al otro lejano o cercano siempre como la forma de la mayor libertad.
Dentro del ejercicio desatado por Carolina el trabajo del poeta se convierte en motivo principal del cuerpo-historia y cabalmente, representa el fin de la experiencia poética. Es decir, que al llegar a esa finalidad, que se vuelve origen, encuentra silencio, descubre que el “yo poético” o el “yo soy poeta”, inmediatamente se silencia, se avizora como el mayor de los obstáculos. Esa personificación abre toda la pre-figuración que existe en los estereotipos ya hechos por la cultura, a los que la autora les entabla la lucha. En este caso la batalla que se vuelve a pelear, es la de demostrar que a partir de la experiencia vivida la palabra tiene que cambiar, abrirse a un nuevo decir, para descubrir qué es lo que se ha vivido realmente y transformar el lenguaje. La autora experimenta la estrechez de esta batalla, donde el campo es el yo mismo y está ahogado en la inmensidad de lo mismo, los mecanismos que repiten los valores dominantes.
El nuevo poemario de Carolina es una investigación que se descubre poética e intenta encontrar un lenguaje que acierte con el cuerpo. En el poema Cerradura la mujer se libera por la palabra y nos muestra esta angustia del hostigamiento de lo desconocido que se cierne alrededor, cercándola. Esas políticas que se han mimetizado en el cuerpo y que ahora se agazapan dentro y aparecen como una cárcel. En la Carta Segunda la autora se libera y encuentra una música distinta, es consciente del silencio de la poesía y se lanza de nuevo a creer.
| Fragmentos |
Carta Segunda (página 91) |
Cerradura (página 82) |
Semillo mis ojos en el porvenir
me trazo
en la arquelogía de la memoria
amo
me duelo
me levanto erguida
se que estás
a la vuelta del poema
sos el otro y la otra
lo que somos
dibujo el contorno de la huella
me quemo los pies en el centro
de la tierra
soy cuerpo sembrado
de astros
quería decírtelo
esta carta es para vos
el universo duerme
y encima de las tumbas nacen flores
la poesía todavía me destruye
en su peligroso silencio
nos deja solos a vos y a mí
pero creo
no sé por qué
creo
Despunta el alba. |
Comienza mujer
por escribir en los muros
con las uñas.
Para salir de prisión
basta recordar
la palabra
la mano
la cerradura.
Día tras día mide
El tamaño de tu cárcel
recorre
el suelo por sus esquinas
pon la mirada
más allá del miedo.
No hay lápiz
ni espejo.
Olvida mujer
el ojo del carcelero.
La puerta
tiene cerradura
y hay viento del otro lado. |
|