La imprenta, con su introducción en el país, marcó un hito que revolucionó el aprendizaje y contribuyó a la producción de libros y documentos, así como divulgar escritos que de otro modo hubieran sido inaccesibles para la población.

De acuerdo con el portal de National Geogaphic, en 1907 el arqueólogo Aurel Stein descubrió un texto que data del 11 de mayo de 868 a.C. El pergamino de 5 metros de largo, contiene los escritos del monje Kumarajiva. Fue encontrado durante una expedición en una cueva cercana  a la localidad de Dunhuang, de la que rescató 40 mil libros y manuscritos. En uno de ellos se lee que el impresor Wang Jie autorizó la edición y distribución de la obra El sutra del diamante, con el que se conocieron las enseñanzas transmitidas a monjes budistas, ya que contenía diferentes sermones.  Aunque no es el primer texto impreso, si es el más antiguo que se encontró en mejor estado.

Este hallazgo contribuyó a entender el proceso de las primeras máquinas de impresión que consistía en diseñar bloques de madera  en los que se tallaban letras e ilustraciones que luego se entintaban y encima se colocaba un fajo de papel con suficiente peso que permitía que la tinta impregnara la superficie. Asimismo, en 1041, el inventor Pi Sheng, creó la forma del primer tipo móvil, fabricada con una amalgama de arcilla y pegamento que endureció al
cocinarla en un horno.

La revolución de la cultura

El proyecto de Sheng, permitió colocar los tipos sobre una plancha de metal que calentó levemente, de modo que pudiese formar palabras al ubicarlos uno al lado de otro. Esto provocó que las letras marcaran el papel, ya que eran revestidas con cenizas, resinas naturales y cera. Al remover el papel se recalentaba la superficie. Este proceso resolvió parte de los problemas que aquejaban a la tipografía en ese momento, como la reutilización de las placas de impresión, la fabricación y el montaje. 

Los avances tecnológicos en China y la demanda de libros en Europa, hizo que en 1440 el alemán Johann Gutenberg, entre otros, confeccionara tipos móviles y la imprenta. Para su fabricación se basó en piezas individuales que eran similares a las letras de los escribas de la época. Esto fue con el fin de ser aceptadas, por aquellos que estaban familiarizados con la escritura. Con esta técnica innovadora presentó la Biblia impresa en páginas de 42 líneas, convirtiéndose en un modelo que se empleó durante 500 años.

Este aporte del Renacimiento permitió  que en el Viejo Continente se expandiera rápidamente la producción de textos, lo que motivó en 1465 a los alemanes Conrad Sweynheym y Arnold Pannartz, a establecer el primer taller de impresión en Italia, concretamente en el monasterio benedictino de Subiaco. Para el caso de Centroamérica, fue en 1659 que fray Payo Enríquez de Rivera se dio a la tarea de recolectar el dinero que sirvió posteriormente para la compra de la imprenta, lo que constituiría un avance fundamental en las tareas de evangelización, con la creación de diferentes materiales religiosos.

A lomo de mula

Ese mismo año, el clérigo delegó la responsabilidad de la compra y la búsqueda de un impresor al franciscano Francisco de Borja, que vivió en México y provenía de una familia de impresores, quien poco tardó en encontrar y convencer a José de Pineda Ibarra.

El libro José de Pineda Ibarra y la primera imprenta de Guatemala de Luis Luján, explica que luego de su contratación Pineda Ibarra, viajó con todo su equipo a lomo de mula. El trayecto tardó no menos de 6 meses y esto se debió a que aquel era el único medio de transporte que soportaba con la carga.

Las piezas de la maquinaria desfilaron junto a su familia por diferentes poblados en una caravana que arribó a la ciudad de Santiago de Guatemala el 16 de julio de 1660.

Aunque, su llegada causó incertidumbre porque desde ya se conocía la noticia de las deudas que dejó el impresor, como el impago del alquiler de su casa en Puebla, y que el dinero que recibió de Borja lo utilizó en la compra de herramientas, en un trato que, según el documento, benefició al franciscano, ya que le otorgó el dinero  a consignación y este aceptó. En los primeros 6 meses, Pineda Ibarra se dedicó a confeccionar una obra de la autoría de Enríquez de Rivera, lo que alternó con tareas menores de impresión que le eran autorizadas. Entre estas destacan el Voto de gracias, que fue una petición hecha por los vecinos de la ciudad, como un agradecimiento a quien introdujo el arte al reino.  Este se convirtió en el primer papel público entregado en la ciudad. Posteriormente en 1663 pudo entregarle al obispo el último pliego de su Explicatio Apologetica.

Anibal Chajón, historiador y sociólogo, indicó que el hecho de introducir la imprenta al país, tuvo repercusión en lo religioso, político, educativo y laboral. “La profesión de impresor en sus inicios tenía muchos altibajos, pues al principio solo las élites eran capaces de adquirir textos. A esto debe sumarse el alto costo de la producción y el analfabetismo de la población. Como es de suponer, quienes vivían de imprimir documentos tuvieron temporadas difíciles, algunos decidieron optar por ofrecer otros servicios, con lo que tuvieron una alternativa para la obtención de mejores ingresos”.

El legado del arte tipográfico continuó en el país con Antonio de Pineda Ibarra, luego del fallecimiento de su padre en 1680. Su aporte consistió en la publicación de Conclusiones en la ciencia y destreza de las armas de Garaillana. Al fallecer este, luego de ejercer por 40 años, terminó la época del surgimiento de la imprenta en Guatemala. 

Chajón señaló que la historia del arte tipográfico en Guatemala fue marcada por el deseo de expandir la educación y la cultura, esto ayudó a que muchas familias se beneficiaran del mismo.

Sin lugar a dudas, la invención, primero del papel y posteriormente de la impresión, logró que las sociedades alrededor del mundo pudieran registrar para la posteridad sus ideas. Con esto se abrieron brechas que hoy nos permiten conocer a fondo lo acontecido en otras latitudes.

* Allan Cordero

Editorial

Las cosas, planetas o personas, vistas desde fuera, a veces demandan ser nombradas de un modo distinto al que usamos para designar aquello con lo que estamos familiarizados. Pero, en rigor, no existe el “afuera”.

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Carlos de Urrutia y Montoya

DCA, 11 de septiembre de 1933.- El 28 de marzo de 1818, José de Bustamante hizo entrega del cargo de presidente, gobernador y capitán general del Reino de Guatemala, a don Carlos de Urrutia Montoya y Hernández Matos James, Caballero Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo con grado de teniente en el ejército español. El nuevo funcionario Veló por la seguridad del vecindario, creando rondas de policía a los que la ironía de los guatemaltecos llamó “enchamarrados” y emitió bandos como el  siguiente:

“Que nadie profiera, diga o cante de noche ni de día, en las calles, plazas y lugares públicos, palabras sucias, deshonestas y maldicientes; los Alcaldes de barrio quedan obligados a presentar listas secretas de personas que en el suyo respectivo vivan amancebadas; se prohíben ensayos de bailes de noche y a puerta cerrada, entre las personas de ambos sexos;  ninguna persona andará por las calles después de las diez de la noche a no ser de urgente necesidad; después de las oraciones, nadie podrá pararse embozado en las esquinas, plazas o contornos de ella...”

Al aparecer en 1820 El Editor Constitucional, Urrutia manifestó al licenciado José Cecilio del Valle que tal impreso era para él de novedad por su atrevimiento y le encomendó publicar otro periódico a efecto de combatir ciertas ideas externadas en El Editor. Fue entonces cuando apareció El Amigo de la Patria.