Paradójicamente, libros como El Capital de Carlos Marx, suelen ser debatidos intensamente, sobre todo, entre aquellos que no lo han leído. Dicen quienes lo adversan que esa obra se propone enderezar el mundo poniéndolo patas arriba, según la lógica de que hay que hacer las cosas al revés para que salgan al derecho.

Y ciertamente desde la Revolución Industrial, ríos de tinta han corrido a propósito de que algunos epígonos han querido sacralizar El Capital como uno de los libros del Nuevo Testamento, mientras otros simplemente lo entienden como una radiografía parcial del capitalismo, ese protagonista insoslayable del gran mural de la historia humana.

De acuerdo con los estudiosos, lo que hace el filósofo y economista alemán con el capitalismo es desmitificarlo para entenderlo mejor. Su afán analítico lo lleva a desmontar las piezas de esa suerte de Cubo de Rubik y luego se da a la tarea de rearmarlo para avanzar en la comprensión y la resolución de sus claves.

De eso se trata El Capital. O por lo menos eso dicen quienes lo han leído.  A propósito de los 150 años de su primera edición, si su autor desacraliza y desmitifica el capitalismo para entenderlo mejor, ¿no sería deseable hacer lo mismo con Marx?

Editorial

Paradójicamente, libros como El Capital de Carlos Marx, suelen ser debatidos intensamente, sobre todo, entre aquellos que no lo han leído. Dicen quienes lo adversan que esa obra se propone enderezar el mundo poniéndolo patas arriba, según la lógica de que hay que hacer las cosas al revés para que salgan al derecho.

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Carlos de Urrutia y Montoya

DCA, 11 de septiembre de 1933.- El 28 de marzo de 1818, José de Bustamante hizo entrega del cargo de presidente, gobernador y capitán general del Reino de Guatemala, a don Carlos de Urrutia Montoya y Hernández Matos James, Caballero Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo con grado de teniente en el ejército español. El nuevo funcionario Veló por la seguridad del vecindario, creando rondas de policía a los que la ironía de los guatemaltecos llamó “enchamarrados” y emitió bandos como el  siguiente:

“Que nadie profiera, diga o cante de noche ni de día, en las calles, plazas y lugares públicos, palabras sucias, deshonestas y maldicientes; los Alcaldes de barrio quedan obligados a presentar listas secretas de personas que en el suyo respectivo vivan amancebadas; se prohíben ensayos de bailes de noche y a puerta cerrada, entre las personas de ambos sexos;  ninguna persona andará por las calles después de las diez de la noche a no ser de urgente necesidad; después de las oraciones, nadie podrá pararse embozado en las esquinas, plazas o contornos de ella...”

Al aparecer en 1820 El Editor Constitucional, Urrutia manifestó al licenciado José Cecilio del Valle que tal impreso era para él de novedad por su atrevimiento y le encomendó publicar otro periódico a efecto de combatir ciertas ideas externadas en El Editor. Fue entonces cuando apareció El Amigo de la Patria.