En un mundo permanentemente necesitado de equilibrios, la idea de normalidad, al tiempo que resulta deseable, se antoja inalcanzable. Es usual que lo que rompe la norma se perciba como ausencia de armonía, entendida esta como un limbo estático e inmutable. Esta percepción no toma en cuenta que en verdad lo armónico está hecho de rupturas y desequilibrios.

Esos momentos en los que todas las piezas del rompecabezas parecen encajar es lo que llamamos armonía, equilibrio o normalidad. Por eso, en la nomenclatura de las cosas la norma y lo normativo parecieran constituir la base natural de la organización social.

Así, cuando individuos de esa sociedad muestran rasgos que los diferencian ostensiblemente del común, entran en una franja valorativa que los califica o descalifica según la utilidad que representen para los grupos humanos de los que forman parte.

Es el caso de las personas a las que se designa como con capacidades especiales, y que en el contexto de lo cotidiano necesitan un apoyo y acompañamiento más allá de la normativa tradicional que invisibiliza al individuo y masifica los procesos educativos.

En todo caso, lo que hace falta masificar es el afecto, quizás el vínculo más sólido entre individuo y sociedad.

Editorial

Corazón de madera se suele decir de aquellas almas a las que no parece calarles clavo alguno. Pero como lo sugiere aquí un neurobiólogo especializado en plantas, esos seres aparentemente inmóviles aferrados al suelo perciben el entorno mejor que muchos animales, gracias a un complejo sistema sensorial.

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Reseña

Carlos de Urrutia y Montoya

DCA, 11 de septiembre de 1933.- El 28 de marzo de 1818, José de Bustamante hizo entrega del cargo de presidente, gobernador y capitán general del Reino de Guatemala, a don Carlos de Urrutia Montoya y Hernández Matos James, Caballero Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo con grado de teniente en el ejército español. El nuevo funcionario Veló por la seguridad del vecindario, creando rondas de policía a los que la ironía de los guatemaltecos llamó “enchamarrados” y emitió bandos como el  siguiente:

“Que nadie profiera, diga o cante de noche ni de día, en las calles, plazas y lugares públicos, palabras sucias, deshonestas y maldicientes; los Alcaldes de barrio quedan obligados a presentar listas secretas de personas que en el suyo respectivo vivan amancebadas; se prohíben ensayos de bailes de noche y a puerta cerrada, entre las personas de ambos sexos;  ninguna persona andará por las calles después de las diez de la noche a no ser de urgente necesidad; después de las oraciones, nadie podrá pararse embozado en las esquinas, plazas o contornos de ella...”

Al aparecer en 1820 El Editor Constitucional, Urrutia manifestó al licenciado José Cecilio del Valle que tal impreso era para él de novedad por su atrevimiento y le encomendó publicar otro periódico a efecto de combatir ciertas ideas externadas en El Editor. Fue entonces cuando apareció El Amigo de la Patria.